Cuando en 1970 Jack Kirby abandona abruptamente Marvel Comics para desarrollar sus propios personajes en DC, Stan Lee sabe que tiene un serio problema. Hasta poco antes, Los 4 Fantásticos han sido los personajes más rentables de la Casa de las Ideas, al menos hasta que las ventas de cierto trepamuros los relega al segundo lugar del podium en 1967. Aún así, The Man sabe que sigue siendo un título capital, por lo que no puede pasar a manos de cualquiera. Por eso cede los lápices a otro artista excepcional: John Romita.
¿La pega? Que The Amazing Spider-Man vuelve a quedar huérfano de dibujante, y más concretamente de aquel que ha sabido modernizar su imagen hasta convertirla en un auténtico icono mundial. Urge buscarle un sustituto, pero lo cierto es que dar con alguien que esté a la altura de las circunstancias no parece una tarea fácil. ¿Quién ostentará el talento que pueda hacerle meritorio de heredar el cargo? Ahí es cuando entra en escena Gil Kane...
